Malnutrición: no se trata solamente de hambre

Dr. Francesco Branca
Director del Departamento de Nutrición para la Salud y el Desarrollo de la OMS
 

Si observamos los principales datos sobre la malnutrición mundial, las cosas parecen estar tomando la dirección correcta: las cifras globales de las Naciones Unidas muestran que la proporción de personas desnutridas en el mundo se ha reducido del 15% en 2000-2002 hasta el 11% en 2014-2016.

Sin embargo, si profundizamos un poco, la situación se vuelve mucho más complicada. Casi una de cada tres personas en el mundo padece al menos una forma de malnutrición: emaciación, retraso del crecimiento, deficiencias de vitaminas y minerales, sobrepeso u obesidad, y enfermedades no transmisibles relacionadas con la alimentación. Los progresos logrados hasta el momento no bastan para alcanzar los objetivos establecidos por la Asamblea Mundial de la Salud para 2025 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible que se deben cumplir en 2030.

La malnutrición no solo causa emaciación, sino también obesidad

En los Objetivos de Desarrollo Sostenible se indica que debemos poner fin a todas las formas de malnutrición. Aunque hemos visto una reducción de la emaciación, han aumentado todas las demás formas de malnutrición, entre ellas la obesidad infantil y las deficiencias de vitaminas y minerales que causan anemia.

«Casi una de cada tres personas en el mundo padece las consecuencias de la malnutrición: emaciación, retraso del crecimiento, deficiencias de vitaminas y minerales, sobrepeso u obesidad, y enfermedades no transmisibles relacionadas con la alimentación».

Dr. Francesco Branca, Director del Departamento de Nutrición para la Salud y el Desarrollo de la OMS

En la actualidad, hay casi 41 millones de niños con sobrepeso en el mundo, lo que representa un aumento de 11 millones desde 2000. Este crecimiento ha sido más rápido en los países de ingresos medianos, muchos de los cuales deben combatir tanto la desnutrición como la obesidad, además de las enfermedades no transmisibles relacionadas con la alimentación.

Un buen ejemplo de ello es Asia meridional, donde viven más de la mitad de los 52 millones de niños que padecen emaciación causada por el hambre. La situación es tan grave que representa una crisis para la salud pública. Sin embargo, la región se enfrenta también a un drástico aumento de la obesidad. Entre 2000 y 2016, el número de niños menores de cinco años con sobrepeso ha aumentado de 5 millones a 7,9 millones.

Las repercusiones económicas afectan a países enteros

Las repercusiones económicas, sociales, médicas y para el desarrollo de la carga mundial de malnutrición son graves y duraderas. Las dietas malsanas son uno de los principales factores de riesgo de enfermedad. La nutrición deficiente no afecta solamente a nuestra capacidad individual, sino también al potencial de países enteros.

Hacer frente a este monstruo en constante evolución es un reto mayúsculo, según reconoció la Asamblea General de las Naciones Unidas al proclamar el Decenio de Acción sobre la Nutrición, que se desarrolla de 2016 a 2025. Es la primera vez que la nutrición ocupa un lugar tan destacado en la agenda política mundial.

Seguridad nutricional frente a seguridad alimentaria

Aunque estos problemas son complejos, las soluciones son, en su mayor parte, las mismas. Debemos hacer un cambio conceptual y sustituir la seguridad alimentaria por la seguridad nutricional, porque no se trata solo de la cantidad de alimentos que proporcionamos, sino también de su calidad. Es necesario aplicar este principio desde la edad más temprana, teniendo en cuenta la nutrición materna, la lactancia materna y la alimentación infantil.

Muchos países están emprendiendo acciones concretas. Hemos visto como algunos gobiernos asumen la responsabilidad de las cadenas de valor alimentarias, ofreciendo incentivos para impulsar medidas y políticas que fijan los precios de los alimentos mediante impuestos. Queda mucho por hacer, pero soy optimista.

Fuente:http://www.globalcause.co.uk/

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